jueves, 31 de diciembre de 2015

El día del dictamen

La noche anterior dormí poco y mal. En contra de cualquier consejo razonable, había intentado leerme unos comentarios al 831 CC que todavía, dos años después, tengo sin digerir. Desayuné bien, eso sí. Nos habían avisado de que en la sala del dictamen habría refrescos y bollería pero 6 horas con el dictamen se pasan volando y no quería dedicarle tiempo a merendolas.

Recuerdo que un preparador nos recomendó llevar nuestras propias provisiones para no tener sorpresas ("¡esto lleva pasas!"). Recomendaba especialmente los Ferrero Rocher, que son sabrosos por el chocolate, aportan energía por los frutos secos y son limpios porque se comen de una sentada. Además, en invierno es la época.

Algunos fuimos en taxi, a otros les llevó algún familiar. Hacía frío y todos íbamos con una maletita, de esas que cuelan como equipaje de mano en los aviones, repleta de códigos y textos impresos del BOE. Mi señora y mi chaval (el mayor), días antes del dictamen, se pasaron un par de tardes imprimiendo leyes, reglamentos, ordenanzas y de todo.

En el hall del edificio en el que nos íbamos a examinar íbamos llegando, opositores y familiares, y reuniéndonos con los conocidos. Los de la academia de Madrid éramos el grupillo más numeroso; los de Galicia por allí, los de Sevilla por allá, etc. Unos pocos, que conocían a más gente, revoloteaban de grupo en grupo; otros preferían quedarse aparte con la pareja o los padres. Muchos salían a fumar.

Recuerdo pensar que aquello parecía la terminal de un aeropuerto, todos esperando, arreglados, con las maletitas, abrazando a los familiares, reencontrando a amigos y compañeros, manteniendo conversaciones de ascensor ("qué frío") y mirando nerviosos el reloj.

Sobraban 16 de 106, y eso estaba presente en el ambiente, pero ahora recuerdo con más intensidad un cierto compañerismo. Era como si, tras años encerrados en una habitación, nos hubieran metido a todos en un mismo recinto a conocernos o, al menos, a vernos. Suele hablarse de "la soledad del opositor" y allí estábamos más de cien que habíamos pasado por lo mismo: muchas horas de estudio, muchos nervios y, sin duda, dos exámenes orales durísimos. Creo que esa mezcla de compañerismo y competencia se resume en una frase sobre la que había cierto consenso: "ojalá aprueben todos los que conozco, empezando por mí".

Aquello empezó una o dos horas después de la convocatoria (había que llamar a todo el mundo, uno a uno, sentarnos, repartirnos las hojas y darnos algunas indicaciones). Nos repartieron por las mesas, dejamos nuestras maletas abiertas al lado, y al lío.

Leí el supuesto durante hora y media y luego me puse a escribir con la presión propia de que fuera el dictamen "de la verdad". Todavía no comprendo cómo podía haber gente levantándose a merendar o yendo al servicio 4 o 5 veces, ¡a mí no me daba tiempo!

Las 6 horas pasaron rapidísimo, metimos los folios en el sobre y a partir de ahí llegó el "post dictamen" sobre el que he hablado aquí.

Suerte.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Temas de Maldonado Ortega y casos de Rafael Ferrer

Poquito a poco, con el tiempo y esfuerzo de unos cuantos, van apareciendo temas adaptados al programa nuevo que algunos notarios solidarios cuelgan en internet en abierto. Ya vimos que hay temas de Mariño Pardo.

Hace poco he visto que Maldonado Ortega también ha publicado unos poquitos temas actualizados al programa de 2015 en su blog. Por ahora hay 10 civiles.

En nombre de los opositores que los descargan y los usan pero no tienen tiempo o no se atreven, muchas gracias a los que redactáis y subís temas para todos.

Otro blog que he visto hace poco es Ráfagas jurídicas, de Rafael Ferrer. En él se han publicado algunos casitos prácticos y hay gente resolviéndolos en los comentarios. Parece interesante.

Ánimo.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Empezar a los 29

He leído en otra entrada que empezaste a opositar con 29. Qué te motivó a empezar a preparar una oposición que no todo el mundo aprueba? No tenías miedo a suspender? cuántos años tardaste?

Hubo muchos motivos. Aquí van algunos que recuerdo, no necesariamente en orden:
  • Llevaba cinco años trabajando en un gran despacho y me di cuenta de que trabajando mucho y estando bien valorado podría llegar a ser socio, que es una vida durísima que no me atrae.
  • Me creía que no era para tanto, que podría sacarlo en 3 años y que dejaría a todo el mundo impresionado (me equivoqué).
  • Una vez preparé un informe que a un cliente no le gustó. "¿Por qué?", "no sé, se lo he enseñado a dos abogados del estado y no les ha gustado", "pero, ¿por qué?", "ah, no lo sé, pero son abogados del estado". Probablemente el informe no estaba bien, pero ahora me tendrían que dar un motivo mejor.
  • Tenía algunos ahorros y, en general, el apoyo económico y la comprensión de la familia propia y la política (un abrazo a todos y un beso gordo a mi mujer).
  • Conocía a un par de notarios que me hablaron bien de la profesión y que me informaron de que estaba en curso una demarcación "expansiva". Era un momento en el que se preveían convocatorias con muchas plazas.
  • Creía que para aprobar era suficiente esforzarse (me equivoqué otra vez; hace falta algo de suerte o, al menos, no tener mala suerte).
  • Dedicarme a algo que ayudara a la gente. En el despacho me dedicaba a propiedad intelectual y nuevas tecnologías, que son temas superchulos pero que no están pegados a la realidad diaria de la mayoría de los ciudadanos. Ahora veo cuestiones de derecho de familia, deudas con los bancos, nuevas empresas... Puedo ayudar mejor a los amigos que me preguntan sus dudas que cuando redactaba informes sobre protección de datos o variedades vegetales.
Uno suele pensar que oposita a notarías para "ganar mucho poniendo una firmita". Ya puedo decir que ahora gano menos de lo que ganaba en el despacho y echo las mismas horas, asumiendo más responsabilidad. A cambio, soy mi jefe, elijo a mi personal y trato a los clientes impertinentes como yo creo que hay que tratarlos (y no como mi jefe me dice que hay que tratarlos).

En cuanto al "miedo a suspender". Al decidir opositar, ninguno, por inconsciente. En Valladolid, ninguno, porque fui sin saberme ningún tema. En Andalucía, algunos nervios porque no llevaba todo el temario y podía sonar la flauta. En Madrid, menos nervios porque sí llevaba todo el temario. En Valencia, muchos nervios en el primero porque ya sabía que con llevar todo el temario no es suficiente. De hecho, en el segundo oral tuve tales nervios que me examiné sin haber podido dormir nada. No sé si se llama "miedo" pero las tres semanas entre el dictamen y la nota, lo peor de la oposición con diferencia.

Mis plazos fueron, más o menos, los siguientes: empezar en octubre de 2005, aprobar precipitadamente un oral en 2008, suspender contra pronóstico (y dejarlo) en abril de 2010, retomarlo en noviembre de 2011 (que se convocó la oposición de Valencia) y aprobar el cuarto ejercicio en enero de 2014. Es decir, ocho años largos en bruto, seis años y medio "netos".

Una idea final para los que empezamos tarde o hemos tardado mucho. Si piensas en la gente de tu clase de la universidad, ahora que has aprobado notarías ¿te cambiarías por alguno de ellos?

jueves, 10 de diciembre de 2015

El post dictamen

Recuerdo salir del dictamen muy contento. Hablar por teléfono con la familia, y bien, animado. Aquello duró un par de horas; luego vinieron las tres peores semanas de la oposición.

Sé que hubo gente que no habló del dictamen hasta la publicación de la nota. Sé que hubo quien lo corrigió con algún preparador. Yo lo comenté aquella misma noche con un compañero, mejor dicho, un amigo, con el que fui repasando el dictamen y dándome cuenta de varios errores. Tras aquello, aguantó con tranquilidad mis dos horas y media de charla pesimista en el AVE a Madrid. Te mando un abrazo fuerte, chaval.

Recuerdo bien la punzada que sentía cada vez que recordaba algún error o me daba cuenta de uno nuevo. Sentía la misma punzada cuando pasaba cerca de la mesa de estudio en la que no me atrevía a guardar el enunciado del dictamen y las hojas con los esquemas.

Fueron tres semanas de absoluto silencio en mis grupos de whatsapp relacionados con la oposición. Nadie decía nada.

Fueron tres semanas en las que la familia me insistía en que bueno, que seguro que tampoco estaba tan mal, que la proporción era buena, que probablemente habría gente que lo hubiera hecho peor, etc. No compré lotería, había que enfocar la suerte en una sola cosa.

Me inflé a chocolates con churros. También descubrí que las punzadas me afectaban menos si me había tomado una cerveza o un pacharán. Aquello me preocupó ligeramente, imagino que así empiezan las adicciones. Luego me enteré de alguna compañera que pasó aquellas semanas semi inconsciente y con las amigas preocupadas por su alcoholismo.

Dormía fatal. El día de la lectura, comentándolo con otros que leerían el mismo día, comprobé que no era el único. Recupero aquí dos testimonios: (i) "Yo duermo bien un día de cada dos; el primero no lo duermo y al segundo llego tan cansada que caigo rendida, al menos unas horas". (ii) "Ah, pues yo estoy durmiendo bien. Desde la medianoche hasta las tres de la mañana, del tirón. Luego ya...".

Recordaba las palabras que había leído en unas recomendaciones de Llagaria, algo así como que, desde que se entrega el dictamen, "no hay descanso ni sosiego". La primera vez que las leí no me pareció para tanto. Vaya si atinaba.

Un abrazo y a esperar.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Notarios desnudos, por Francisco Rosales

Por más que el nombre de este post os suene raro, tengo que confesar que no sólo conozco el caso de uno, sino el de dos Notarios desnudos; aunque probablemente la historia que ahora comparto con vosotros no tenga mucho que ver con lo que en un principio habéis pensado, pero el post que acabo de leer de mi compañero Justito el Notario (obviamente es un nick) sobre la manta, me ha recordado esta anécdota.

Todo arranca con un opositor a Notarías que había aprobado su primer examen oral, y se iba para "los madriles" a hacer el segundo de los exámenes orales que hay que pasar en las oposiciones a Notarías.

Se me había olvidado comentaros que ese opositor era yo; y que ya había pasado unas oposiciones en Valencia en las que había aprobado el primer oral, pero me habían suspendido el segundo (de hecho es el único examen oral de los ocho que he realizado en el que me han suspendido).

Llevaba meses estudiando, y ya había hecho antes el examen, por lo que me encontraba seguro; por eso decidí acudir a la primera convocatoria (en mis oposiciones cada examen tiene un primer llamamiento -al que suelen acudir los más preparados- y un segundo llamamiento -al que acuden los menos preparados, o los que han tenido pánico escénico al primero-).

De hecho era el primer día de la vuelta voluntaria, y había sido convocado a las nueve y media de la mañana; comprobé que delante mía había seis o siete que se presentaban, y en un examen voluntario pocos son los retirados o excluidos, por lo que tuve claro que yo esa mañana no me iba a examinar.

Aparece en ese momento una figura propia de las oposiciones, el acompañante.
Ese acompañante era mi padre, del que ya he escrito en mi blog aquí y aquí, y que también es Notario.

Jamás me lo ha dicho, pero supongo que siempre tuvo la ilusión de tener un hijo Notario, es más que ese hijo Notario fuera yo (a fin de cuentas llevo su nombre, igual que el lleva el de su padre) de hecho ni me llamo Francisco Rosales de Salamanca, pues fue mi padre quien nos unió de jóvenes los apellidos a los hijos, quizá con ese motivo.

Quizá fuera necesario hacer un post sobre los acompañantes de los opositores, el sufrimiento que llevan encima, y la difícil tarea que tienen de dar serenidad simplemente estando junto a alguien que hagas lo que hagas jamás estará sereno, pero eso será otro día, o lo dejaré para otras personas.

Lo cierto es que siendo las nueve y durando el examen entonces 45 minutos, parecía más que claro que yo no me examinaba esa mañana, y que no sabíamos si habría examen por la tarde, por lo que mi padre (perro viejo en estas lides) me dijo "vete al hotel, que está a cinco minutos, relájate, y si pasa algo te pego un telefonazo, si no ven sobre la una y vamos a comer" (huelga decir que en el año 94/95 no había móviles, y que el hotel era la pensión Jamic -que más de un opositor conocerá-).

Siendo la una menos algo, fui al Colegio Notarial de Madrid, y ahí estaba mi padre. Me comentó que tenía dos por delante y que el que se estaba examinando estaba a punto de terminar, pero que el tribunal había dicho que tras la comida continuarían los exámenes. Efectivamente terminó el chaval y llamaron al siguiente.

Sabía que como pronto terminaría sobre las dos, y que por tanto (el examen era oral y duraba 45 minutos) cuando acabara pararía el tribunal a comer, por lo que le dije a mi padre "Papá no he descansado nada, mejor nos vamos a comer", "no seas burro y espera, nadie sabe que puede pasar".

Sinceramente no lo entendía, era un examen obligatorio, muy seguro tiene que estar quien se presenta a él, pero le hice caso.

Termina cerca de las dos el que se estaba examinando, todos esperábamos que el bedel convocara para por la tarde, y todos sabemos que tiene la lista de los presentes, por lo que llama a todo y cuando llega al presente, dice que se suspenden los exámenes hasta tal hora.

Efectivamente empieza a leer la lista, pero cuando llega el momento de suspender los exámenes llama al que estaba justo delante mío. Ver la cara del chaval (cuyo nombre no revelaré, pero que no olvido, y jamás supe si aprobó o no las oposiciones -desde luego ese día suspendió-) era todo un poema, de una cara relajada, a un blanco que sólo he visto en opositores en el pasillo, y muertos.

En todo caso, era claro que no me iba a examinar, pero el bedel para y dice "Por favor un momento hasta que entre el opositor"......Todos paramos. Entró el opositor, y el bedel suelta a bocajarro "De parte del tribunal que se suspende el examen hasta la tarde, pero que si por cualquier motivo este opositor se retira o es eliminado entra el siguiente".

¡¡¡EL SIGUENTE ERA YO!!!, ahora la cara se me había cambiado a mi; comentar los exabruptos que me vinieron a la mente está fuera de la más mínima decencia, pero sobre todo ... ¡había ido con unos vaqueros verdes, y los exámenes son de chaqueta y corbata!.

"Papá, por amor de Dios ... tu chaqueta y tu corbata". No dudó mi padre en quitársela y dármela, por lo que me senté y decidí relajarme, más caí en un detalle....los vaqueros verdes. "Papá ... ¿.tu crees que con estos vaqueros puedo examinarme?". "Ven conmigo hijo". Al fondo del pasillo en un cuartucho, todo un señor notario se quitó sus pantalones, y los cambió por unos vaqueros verdes de su hijo, que por otra parte era incapaz de abrocharse, y así durante cuarenta y cinco minutos a la puerta del tribunal, un Notario vestido de adolescente (tapándose con una gabardina los calzoncillos, pues os acabo de comentar que el vaquero no le cabía en la cintura), y un opositor vestido de Notario se dispusieron a esperar.

Sólo a mitad de tiempo, cuando me levanté a fumar un cigarro, mi padre cayó en el detalle y me dijo ..."Paco ven conmigo". Fulminantemente me quitó el escudo de Notario que él llevaba en la solapa de su chaqueta, y con el que sin darme cuenta estaba dispuesto a enfrentarme al tribunal..."No creo que el tribunal entienda que te atrevas a entrar con este escudo".

El opositor hizo su examen completo, yo me examiné por la tarde vestido con mi propia ropa, de hecho eso de que el tribunal sólo parara una hora para comer, también tuvo su anécdota, pues ver que tu haces un examen mientras el presidente se pega una siesta delante de tus narices es algo que no entiendo como pude aguantar (salvo porque me sabía perfectamente el examen y Joaquín Serrano me había preparado para ello -quizá por eso saqué una nota brillante, pese a todo, en ese examen-), sin embargo, como dice mi amiga la letrado Doña María Jesús Montero Gandía, eso, y otros exámenes ... eso es otra historia.

Francisco Rosales, @notarioalcala

lunes, 23 de noviembre de 2015

Manuales para preparar el dictamen

A veces se dice que con los temas es bastante para preparar el dictamen, pero cada academia o cada preparador suministra textos, propios o ajenos, con los que se profundiza respecto del contenido de los temas. Lo típico es, a partir de esos textos, hacerse unas "fichas" que permitan repasar con facilidad cualquier cosa, desde las excepciones del 34 LH hasta los problemas que plantea el 831 CC. Ya he comentado en la entrada anterior que es probable que el escritorio del opositor se inunde en esta época de temas de restringidas, resoluciones, sentencias, comentarios a las sentencias, resúmenes de los comentarios, sentencias sobre resoluciones y quién sabe qué más. 

En mi caso, cuando aprobé el segundo ejercicio me facilitaron en la academia dos carpetas gigantes que fui a fotocopiar y de las que no pude leer ni la tercera parte. Ojo en este punto con la vigencia de lo que se esté leyendo, porque "una palabra del legislador y bibliotecas enteras se convierten en basura", que dijo aquél.

En una y otra gestoría venden libros orientados a ayudar a la preparación. Yo me hice con un par de libros: Cómo hacer dictámenes, de Manuel González Meneses y Dictámenes resueltos para oposiciones a notarías, de Ruperto I. Martínez Martínez. Con el primero aprendí algunas cosas, pero no está orientado solo al opositor sino, en general, a cualquiera que tenga que hacer un dictamen. Probablemente, ese enfoque (se subtitula "ensayo sobre la formación del jurista") le quita interés para el opositor que solo tenga tres o cuatro semanas para preparar el tercer ejercicio. En cuanto al libro de Martínez Martínez, no tuve tiempo para leerlo.

Recientemente han aparecido dos novedades interesantes: Dictámenes I, de Eduardo Llagaria, y el Memento Experto Casos Prácticos, de Isidoro Lora-Tamayo Rodríguez. He comprado y leído fragmentos del primero y he podido acceder al índice y a un capítulo del segundo.

Llagaria fue el presidente de mi tribunal, así que, en su momento, los dictámenes escritos o corregidos por Llagaria eran una especie de santo grial, tanto por las expectativas que generaban, como por la dificultad en encontrarlos (¡recuerdo buscar sus apellidos en la caché de Google!). Encontrar ahora una recopilación encuadernada de sus dictámenes ha sido una sorpresa. Sigue siendo un libro utilísimo, pero, claro, no puede ser lo mismo.

Son unas 1000 páginas en las que se incluyen (i) consejos sobre la redacción del dictamen, (ii) ideas generales sobre la eficacia del negocio jurídico, principios fundamentales del tráfico jurídico, la capacidad de la persona, tipos de comunidad y llamamientos frustrados y, (iii) finalmente, los dictámenes: el de Alberto y Esperanza, el de Fulgencio y Nicolasa, etc. Hay soluciones, pero no están redactadas con forma de dictamen. Más bien son guías para resolver el caso, repletas de preguntas retóricas, esquemas, consejos, etc. El propio Llagaria es consciente de su enfoque personalista ("esto último es lo que pienso realmente [...] pero no es tesis 'oficial', o al menos no es mayoritaria"). Hay pocas resoluciones y sentencias y algunas referencias a autores concretos.

Al ser un recopilatorio de textos aparecen cuestiones que tuvieron mucho interés en su momento, como la adopción plena y menos plena, pero que quizás hoy solo son relevantes si se plantean casos de derecho transitorio.

El autor emplea un estilo cercano y directo al opositor, tuteándole incluso ("es innecesario que os diga...", "fíjate la doctrina del 1322..."). Hay expresiones coloquiales ("¡Tatachín...!"), ideas que se refuerzan ESCRIBIÉNDOLAS EN MAYÚSCULAS y también algunas erratas o errores de edición (por ejemplo, párrafos repetidos).

Se puede comprar por gestoría o directamente en el Colegio Notarial de Valencia.

El libro de Lora-Tamayo es muy diferente al de Llagaria en contenido y forma.

En cuanto al contenido, se "limita" al derecho de sucesiones. Eso sí, se aborda todo el derecho de sucesiones o, por lo menos, se recorren todos los temas del 106 al 135 del civil de notarías. Está concordado con el nuevo programa, pero eso al que ahora está en el tercer ejercicio no le debe preocupar.

Ignoro si hay alguna recomendación previa sobre cómo hacer el dictamen. Puede que de eso traten las palabras introductorias "El método Isidoro", "De la nada sale el todo" o la propia presentación del autor. Según el índice, estas presentaciones abarcan unas 100 páginas. No las he podido ver.

En cada tema se plantean casos prácticos con un estilo muy de dictamen (así, los hijos de B se llaman B1 y B2). Se plantean los problemas y sus soluciones, se comentan argumentos a favor y en contra y se completa el tema con extractos de sentencias o resoluciones relevantes. El estilo desde luego no es coloquial, sino formal, neutro; probablemente sea más conforme con lo que se espera en un dictamen. Se puede comprar aquí, por ejemplo.

Comentarios, como siempre, bienvenidos.

Suerte.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Ideas sobre el dictamen

Madre mía el dictamen. Las tres peores semanas de mi oposición transcurrieron entre el dictamen y la nota. Comentaré ese momento cuando llegue. Ahora coloco aquí unas ideas sobre la preparación del dictamen.

El dictamen lo llevará más y mejor preparado quien haya aprobado antes el segundo ejercicio. Primero, evidentemente, porque ha tenido más tiempo. Cuando yo aprobé mi segundo ejercicio y me integré en un grupo de dictámenes, había muchos problemas que no aparecían en mis temas y que los demás ya habían tratado en dictámenes anteriores: el conflicto entre el 164 y el 166, que lo "nulo" se puede reconducir a "incompleto", los embargos circulares y muchas otras cosas. ¿Cuántas más cosas saben los demás que yo ignoro? No se sabe.

Aprobar antes también permite acceder a mejores grupos de preparación de dictámenes. Los grupos se van completando a medida que transcurre el segundo ejercicio y por tanto quien aprueba más tarde se encuentra con grupos que ya están cerrados. En los grupos en los que todavía hay sitio, por otro lado, es probable que ya se hayan repasado bloques enteros: "ya vimos en los dictámenes de derechos reales que...".

Aprovecho aquí para mandar un fuerte abrazo a mi grupo de preparación y a mi preparador de dictámenes. Menuda paliza se dio el hombre, quitándole tiempo a su familia y a su despacho.

Otro problema para el que llega tarde es que la corrección de un dictamen por el preparador no suele constar por escrito. Cada opositor trabaja en su dictamen y el día de la corrección cada uno lee una pequeña parte de lo escrito y se ponen en común unas ideas bajo la dirección del preparador. Por tanto, si en el grupo ya se hicieron los dictámenes de las oposiciones de Madrid, Sevilla, Granada y La Coruña, es poco probable que uno pueda acceder a unas soluciones escritas.

Más. Tuve la impresión durante la preparación del dictamen de que el compañerismo se reduce. Ya no estamos todos en el mismo barco y si suspendes tú a lo mejor apruebo yo (cosa que en los orales no se nota nada o casi nada). A esto se le une un ambiente de misterio y secretismo. Hay preparadores que exigen firmar compromisos de confidencialidad, hay reuniones que se convocan a última hora y de las que solo se enteran algunos, hay fichas y resúmenes que circulan con contraseña, esta sentencia te la paso a ti pero no a él, etc.

Aparece un síndrome de Diógenes jurídico. Todo es interesante y de todo quiero fotocopia, que ya me lo leeré. De repente aparece en la mesa de estudio una montaña de resoluciones, artículos, temas de oposiciones entre notarios y textos de todo tipo (¡algunos repetidos!) que no hay tiempo material de leer. Conviene mantener la calma y no morder más de lo que se pueda masticar.

En cuanto al fondo del dictamen, dos claves: terminarlo y no decir ninguna barbaridad. Terminarlo implica llegar a tratar el último problema y, sin duda, meter todas las hojas en el sobre, lo que ahora parece una obviedad pero eh, ojo con eso cuando llevas 5 horas y 58 minutos de dictamen.

En cuanto al esquema, me recomendaron hacerlo así: (i) exponer el problema y sus posibles soluciones, (ii) dar argumentos para la solución A, (iii) dar argumentos más convincentes para la solución B, (iv) elegir la B y a por el siguiente. Ejemplo:
Miguel tiene un hijo de 12 años, Eusebio. Miguel se va de viaje un par de meses y le ha dado un poder a su vecino Bartolomé para que ejerza la patria potestad sobre Eusebio en lo relativo a la gestión y disposición de un barco que Eusebio recibió por donación verbal de su tía Vicenta. La sociedad Much Investments, S.L. quiere adquirir el barco y quiere saber qué tiene que hacer.
Una posible contestación consistiría en dar una redacción en castellano inteligible al siguiente esquema:
La adquisición por Much Investments, S.L. del barco plantea las siguientes cuestiones:
1. La validez de la donación verbal de un barco. En contra, la posible asimilación con un bien inmueble y la Ley de Navegación Marítima que exige forma escrita para la adquisición de los buques. A favor, solución por la que nos decantamos, que se trata de un bien mueble, una interpretación favorable a la validez de los negocios jurídicos y la consideración como forma ad probationem (y no ad solemnitatem) de lo dispuesto en la LNM en este punto.
2. Si un menor de edad puede aceptar una donación. En contra, el 1263 CC. A favor, el 164 CC. 
3. Si cabe la delegación de la patria potestad. En contra, el carácter personalísimo de la función. A favor, que no se delega el cargo sino las facultades, con carácter delimitado en cuanto al objeto y en cuanto al tiempo. 
En consecuencia, entendemos válida la adquisición del barco por Eusebio y que Bartolomé venda, con la correspondiente autorización judicial (166 CC), el barco a Much Investments, S.L. 
Si en un dictamen aparecen 50 problemas como los anteriores (y esa es la tendencia en las últimas oposiciones) resulta dificilísimo, en 6 horas, detectarlos y solucionarlos todos, sin caer en debatir problemas que no existen ni en omitir los más importantes.

En fin, que el asunto tiene miga.

Ánimo.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Cómo mejorar la oposición a notarías

La oposición a notarías es una cosa brutal y con frecuencia se oyen y leen propuestas para "humanizarla", "atraer talento" y, en general, mejorarla. Me comentan por varias vías que están en estudio algunas propuestas (¡justo ahora que hay nuevo programa!) y no me resisto a apuntar algunas ideas. Primero señalaré los aspectos que convendría mejorar y luego posibles soluciones.

Aspectos que mejorar

1) Periodicidad. Tras suspender un examen el opositor no sabe cuándo tendrá otra oportunidad. Puede que en 6 meses convoquen o puede que no vuelva a examinarse hasta dentro de dos años. "¿Me apunto a registros? ¿Me pongo a trabajar un año? A ver qué comentan las gestorías".

2) Incertidumbre en las fechas de los orales. El sorteo tiene lugar un mes antes del primer oral así que, a un mes de empezar, nadie sabe el mes en el que se examinará. A un mes de examinarse, nadie sabe la semana. A una semana de examinarse, nadie sabe el día: te pueden llamar un miércoles y examinarte un lunes. E incluso en el mismo día del examen, no se sabe si todos se retirarán y te examinarás a las 17:00 o si todos "aguantarán la hora" y entrarás a las 21:00.

Eso de llamar a 16 para el lunes, que vengan los 16 a presentarse al bedel y que éste te diga "tienes a 10 por delante, yo creo que no te toca pero quédate por aquí" me parece innecesario. Peor, me parece una ventaja para el que va el primero y se examina "fresco" frente al que se echa la tarde-noche en el pasillo y le dicen "vuelva usted mañana".

3) Uniformidad de criterio. ¿Qué se pide en un tema de urbanismo? ¿Cuánta profundidad necesito en los temas de foral? A algunos les parece enriquecedor que cada academia tenga sus propios temas para la oposición y que luego cada opositor los ajuste a su gusto o al del preparador. Esto provoca que a mí me parezcan importantes las disposiciones transitorias de la LAU y otros crean que eso no tiene ya ningún interés.

Que un tribunal te apruebe por la literalidad y otro te suspenda porque has dicho los artículos pero parecía que no los entendías. Que un tribunal te exija 6 minutos de contenido concreto de fiscal y a otro le valga con los principios tributarios. Que uno admita 22 minutos de censos y otro te excluya por ello. 

Posibles soluciones.

1) Periodicidad. Sería estupendo que un año se convocara registros y al siguiente notarías. Mejor aún, la aproximación de programas entre notarías y registros plantea la conveniencia de unificar ambas oposiciones. Son profesiones distintas, sin duda, pero también son profesiones distintas la de juez y la de fiscal y se accede por el mismo camino.

2) Incertidumbre en las fechas de los orales. Aquí hay varias cuestiones.

Quizás convendría que hubiera 4 o 5 meses entre el sorteo y el primer ejercicio, para tener margen de maniobra.

Quizás no es necesario hacer un sorteo específico para notarías y seguir el régimen general previsto para el Personal al Servicio de la Administración General del Estado. El 11 de febrero de 2015 se publicó el resultado del sorteo correspondiente y se dijo que:
el orden de actuación de los aspirantes en todas las pruebas selectivas en la Administración General del Estado que se convoquen desde el día siguiente a la publicación de esta Resolución, hasta la publicación del resultado del sorteo correspondiente al año 2016, se iniciará por aquellos cuyo primer apellido comience por la letra «J».
Si me apellido García ya sé que iré de los últimos y si me apellido Jiménez iré de los primeros, sin necesidad de esperar a que queden 30 días para empezar.

Quizás convendría que hubiera un test, de forma que hubiera menos opositores para el oral y se redujera el perturbador efecto de "no tengo ni idea pero me apunto". Hay opositores que van por primera vez, con una bola acumulada, cantan un tema y se retiran. Han pagado la tasa y están en su derecho. Yo mismo he recomendado esta práctica, como entrenamiento, porque la veo útil para el opositor pero, para el sistema en su conjunto, no veo la ventaja de que haya opositores que se apuntan y no van o van pa ná

Quizás no sea necesario poner un test. Quizás basta con llamar a 4 por día y asumir que, si no viene nadie, pues no ha venido nadie, pero si a usted le llamé calculando que le tocaría el jueves no hace falta que venga el martes por si acaso.

3) Uniformidad de criterios. En notarías, a diferencia de otras oposiciones, no hay un temario comúnmente utilizado. Hay oposiciones donde la costumbre es "estudiar por carperi" (¿registros?) así que, más o menos, todo el mundo sabe qué es exigible. Precisamente, ahora que estamos en una época de renovación del temario se observa claramente cómo cada academia, cada grupo de preparación, cada opositor, va a su aire.

Algo que podría ayudar a esa uniformidad de criterios es una estabilidad en el tribunal. Cuando leía entrevistas a grandes del notariado solían decir que habían estado en 3 o 4 tribunales de oposiciones. Según leo en la web del Ministerio de Justicia, el actual DGRN, Gómez Gálligo, ha sido seis (¡6!) veces Presidente del Tribunal de registros (y una más, Secretario). Parece que esto ayuda a la estabilidad en el criterio del tribunal. Seguramente esta práctica tiene algún inconveniente pero ahora mismo no se me ocurre (salvo el sacrificio del que repite una y otra vez como miembro del tribunal).

Otras consideraciones.

Una cuestión de cierto enfrentamiento es la importancia de la antigüedad en la oposición. Para algunos, llegar tres veces al dictamen debe otorgar algún tipo de preferencia frente a los novatos. Para otros, quien haya suspendido 5 veces debería dejarlo ya.

A algunos les preocupa que el contenido del programa sea incompleto. Echan en falta informática, derecho laboral, inglés y quizás, ahora, topografía. A mí la inclusión de estas materias en el programa no me convence. ¿Es mejor saber inglés o conocer el derecho de sucesiones inglés? ¿Es mejor conocer los fundamentos del blockchain o dominar la tributación de la vivienda familiar? ¿Es mejor notario el que sabe interpretar coordenadas catastrales o el que está familiarizado con la contabilidad? Todo lo anterior me parece muy interesante y útil pero a base de incluir cosas en el programa puede desnaturalizarse el núcleo "notarial".

Para acabar, en posición minoritaria, aquellos que creen que además de orales y dictámenes deberían incluirse otro tipo de pruebas. Ya he dicho que a mí me parece buena idea el test. No soy partidario, sin embargo, de la entrevista personal ni de sumar puntos por méritos extra-opositoriles (másters, licenciaturas, experiencias laborales, etc.).

PS. Tenía el post preparado para publicar y justo veo que anoche en Transparencia Notarial hablaron del asunto http://transparencianotarial.es/la-reforma-de-las-oposiciones-libres-algunas-ideas/

martes, 10 de noviembre de 2015

La prueba de la manta, por Justito El Notario

Mi oposición comenzó el día 26 de septiembre de 1991 y terminó el día 29 de junio de 2002. No me quito ni un solo minuto de oposición y no me duelen prendas al decirlo. Firmé cinco convocatorias y me presenté a cuatro. Dos suspensos en el dictamen y una prueba de la manta son mi haber. En el debe, muchos agradecimientos y muchas vivencias que me han hecho como soy.

Después de mi primer y único suspenso en un examen oral de las oposiciones a notarías (e hice seis exámenes orales), acabé en el psicólogo.

Lo cierto es que estaba realmente mal, mis lecturas de referencia en aquella época eran Séneca y Ramón Sampedro (sí, Ramón, no José Luis, el de Mar adentro), había tocado fondo y MAC, mi preparador, ya no sabía qué hacer conmigo, ni qué decirme. La artillería pesada de frases y teorías típicas de la oposición ("los árboles no te dejan ver el bosque", "esta no era tu oposición", "esto es una carrera de obstáculos", "tú eres tu único enemigo", la teoría de la inercia de la silla y otras similares) no servían para nada, así que, aconsejado por mi padre (también notario), que tampoco sabía ya qué hacer conmigo, di (a regañadientes) con mis huesos en el psicólogo. El agua de Lourdes había dejado de hacerme efecto hacía tiempo, aún no conocía a la Madre Maravillas de Jesús (que me daría para contaros otra historia) y la química (de la que también podría hablar otro rato) me daba mucho miedo, así que no me quedaba otro remedio: tenía que ir al psicólogo o dejar la oposición, cosa que no quería hacer.

Una tarde me fui a la clínica y allí me encontré con un tipo de mirada penetrante, en plan faquir o Supermán haciendo de las suyas, que consideró que mi trastorno tendría solución en una docena de sesiones. Así que, sentado en una silla (nunca he llegado al diván), empecé a largar y a rajar de mí y de todos aquellos que, a mi juicio, eran causantes de mi vida desastrosa. Al rato, el psicólogo me dijo "espera un momento, que voy a coger una cosa". Regresó al poco con una manta astorgana o de la Renfe y me la echó por la cabeza, remetiéndomela por los muslos y las nalgas. Y se hizo el silencio. Yo no decía nada y el psicólogo tampoco. “Qué calor hace aquí”, pensaba yo. “¿De qué va esto?”, continuaba pensando. Al rato (no se cuánto, perdí la noción del tiempo), levanté un brazo, me quité la manta y dije: "¿pero qué coño es esto?". El psicólogo comenzó a aplaudir. Por lo visto, había superado la prueba de la manta. No quería escuchar mis quejas y lamentaciones, quería que tomara medidas en mi vida, con la oposición, con aquellos que me hacían sentir mal, que reventara de una vez, pero que no viviera de aquella manera.

La prueba de la manta, las restantes once sesiones, unas técnicas relajatorias y, en un principio, la valeriana, en sustitución del agua de Lourdes, hicieron su efecto y, tras firmar y no presentarme a las oposiciones de Sevilla del 96-97 (un par de años en blanco nada menos), me presenté a las de Madrid 99 y me planté en el dictamen. Suspendí aquel maldito dictamen (y esta también es otra historia), pero no olvidaré la prueba de la manta que, junto con otras muchas cosas, hizo que hoy pueda contaros esto aquí.

A veces pienso que tal vez me haga falta que me hagan otra prueba de la manta.

Gracias a Marcos por la oportunidad de dirigirme a todos a través de su blog y hasta otra. Un abrazo.

Justito El Notario @justitonotario

martes, 3 de noviembre de 2015

Temas de Mariño Pardo

Por casualidad encuentro en internet que Francisco-Manuel Mariño Pardo, notario de Foz (Lugo) y autor del blog Iuris Prudente (que consulto con frecuencia) tiene sus temas, e incluso algunos temas nuevos para el programa 2015, colgados en este enlace.

La fuente es inmejorable.

ACTUALIZACIÓN. 05.03.2019. Parece que los temas ya no están accesibles :-(